Luis Román es miembro de una cooperativa de producción cunícula. Como tal, tiene innumerables funciones. Una de ellas, llevar su producción a distintas ferias. El hombre se paró a ofrecer degustación de hamburguesas de carne de conejo. Muchos siguieron de largo. Otros tantos se pararon a rechazar con respeto. Pero fueron muchos los que se animaron a probar.

Dice Luís que el que prueba no vuelve, que es riquísima, que es como el pollo pero mejor. “Hubo una familia que estaba con su hijo. Los padres degustaron y la mamá le dijo al nene que lo pruebe. Y el nene probó. Le tuve que sacar la bandeja, explicarle que es para todos. Esa madre compró”. La cooperativa Finalidad funciona hace diez años, nació de la crisis de 2001 y lleva adelante varias batallas: una que roza lo cultural (“queremos que el conejo se consuma como el pollo”), y otra económica. Luís Román y sus miembros igual apuestan, dicen que no hay forma de que este emprendimiento no funcione.

La cooperativa Finalidad funciona a la altura de la avenida Presidente Perón al 8000, pegada al corralón. El terreno es municipal y ellos están ahí gracias a la ahora secretaría de Economía Solidaria. En el lugar funciona un galpón donde nacen, se alimentan, se reproducen, se engordan conejos. También hay un terreno verde donde armaron una huerta: allí ponen a prueba el abono que producen con el estiércol de conejo y de paso se llevan algunas verduritas a la casa. Para la entrevista, improvisan una mesa y sillas al aire libre; mesa que servirá de sostén, entre otras cosas, de cientos de papeles administrativos y que certifican la calidad del producto. Pareciera que se están preparando para dar batalla.

“La crisis de 2001 nos llevó a esto”, relata Sergio Brito, presidente de la cooperativa. “La Municipalidad de Rosario repartía, en ese momento, pollitos y conejos para consumo familiar. Algunos productores generamos más de lo que había para consumir: nos pasamos. Y la solución que encontramos fue juntarnos y organizarnos”. La cooperativa cumplió diez años el 15 de agosto pasado. Empezaron 27 productores, ahora son quince. “Fue bastante complicado, pero se pudo armar. Este proyecto es a largo plazo, sabíamos que iba a demorar para empezar a ser viable. Hay un núcleo productivo que tarda en armarse. Se tienen que seleccionar crías y que sean de hembras buenas. Todo eso no es de un día para el otro, este trabajo también es artesanal. La base ya está, nos tomó todos estos años. Ahora sólo nos queda crecer”, relatan los trabajadores. Y agregan: “El verdadero nombre es Cooperativa de Provisión de Servicios de Granja y Cunicultura. Y eso porque acá hay un abanico de posibilidades enorme”.

La cooperativa manda unos 200 conejos cada 21 días al frigorífico donde los faenan, en Cañada de Gómez. La carne vuelve con un permiso de veterinario para ser distribuida y llega a unas 37 carnicerías de Rosario. Los productores explican que la res no les deja ganancia: cada peso que entra, cubre las necesidades de la cooperativa. La clave está en el valor agregado, eso es, por el momento, las hamburguesas y el abono (ver aparte cómo conseguirlos). Las hamburguesas de conejo se elaboran en barrio Las Flores y se venden a particulares. “Ya hace tres años que tenemos clientela fija. Eso significa que estamos consolidados. Costó mucho, tuvimos que romper con la idea de que los productores de conejo no duraban. Nosotros conseguimos mantener una continuidad: la carnicería que nos compra sabe que siempre tenemos, y su cliente también. Es una confianza que nos llevó tiempo construir. Sucede lo mismo con los restaurantes: si la gente lo prueba y le gusta, el conejo tiene que seguir en el menú. La cooperativa es garantía de que hay materia prima”, explican.

El objetivo de estos productores es que el conejo llegue a consumirse como el pollo. Ellos sostienen y re-sostienen que la gente compra conejo. Que el que lo prueba no tiene vuelta atrás. La cooperativa cuenta con un estudio de campo que les brinda ciertas estadísticas. Unos tres mil conejos entran a Rosario por mes. Ellos aportan entre 200 y 400. “Hay pocos productores”, dicen y ahí está la clave su éxito.

Es imposible ser objetiva. Un recorrido por el galpón donde se crían conejos los muestra como son: blancos, algunos grandes y no tan lindos, otros chiquititos, divinos. Los productores, batallando contra las costumbres, resaltan una y otra vez: no son mascotas, no son domésticos y además hacen muy bien al que los consume. Recuerdan también cuán común fue en una época criar conejos y comerlos, como a los pollos, los cerdos, las vacas.

Sin embargo, lo más importante a destacar y la perspectiva desde donde hacen muy bien en librar la batalla estos productores, es en la calidad del alimento. La carne de conejo es baja en calorías y grasas, tiene alto contenido proteico, es bajo en sodio y no está muy lejos de la carne de vaca, en cuanto al precio. La carne de estos conejos –los de Finalidad– no sólo está producida bajo condiciones cooperativas de trabajo, sino que está hecha de manera casi artesanal. “La garantía de la calidad está en que estos animales no tienen ningún medicamento. Es básico, fundamental, es la gran diferencia con los otros animales que comemos. El conejo no tolera los medicamentos. Entonces se los vacuna y se trabaja en la prevención. Y punto. Y eso, sólo a la parte reproductiva: a la madre y al padre, digamos. Los que entran al frigorífico tienen unos 40 días de producción y hasta ese momento, no se les da absolutamente nada. Es muy similar a lo que pasa con los alimentos orgánicos”. La explicación es de María Alejandra Puig, la veterinaria de la cooperativa, la que controla y cuida a los animales todos los días. Cabe señalar: María Alejandra es vegetariana hace casi diez años. Un plus a la calidad de estos conejos.

Contacto

Para comprar hamburguesas o abono –que por ahora se entregan a consumidor final o se encuentran en algunas ferias– contactarse con Luis Román o Sergio Brito: 155847915 / 156613582.

Fuente: En Foco XXI – El Eslabón

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