En Santa Fe son unos 150 los establecimientos, en su mayoría pyme, que fabrican diversos modelos. Tras un arranque de año con un descenso del 20 por ciento en la comercialización, calculan que en 2016 quedarán 30 millones de pares sin compradores. 

La situación está lejos de ser la ideal. Como en tantas otras manufacturas que tienen fuerte arraigo en diferentes regiones de la provincia, el primer semestre recesivo dejó a los industriales intentando trazar estrategias que aseguren al menos una leve mejoría. Con más de un centenar de firmas operando mayoritariamente en Rosario y su área metropolitana, el rubro de la confección de calzado ya estima un déficit de ventas para el cierre del año que lógicamente espera revertir. Haciendo una proyección con la performance registrada en el inicio del 2016, hablan de 30 millones menos de zapatos vendidos cuando termine diciembre.

La tendencia es muy similar a lo observado en el rubro textil: expectativas ligadas a un mercado estacional, pero que se cruza con un criterio de consumo restringido y un incremento del ingreso de mercadería importada que no ayuda. En el medio, los empresarios pyme hacen malabares para mantener el empleo.

“El panorama lo venimos siguiendo con preocupación y por eso estamos trabajando en forma constante sobre todo con el ministerio de la Producción de Santa Fe para defender una industria de la que dependen cuatro mil familias”, expresó Alberto Serra, gerente de la Cámara de la Industria del Calzado y Afines (CIC), entidad que nuclea a 150 fabricantes de los más variados modelos: calzado de trabajo, en cuero, producción de modelos deportivos bajo licencia y sencillas variantes en goma.

Cuesta arriba

Luego de años de sucesiva expansión el negocio de la confección de calzado en Santa Fe empezó un ciclo de caída que se siente en las calles y lo detecta el comercio minorista. “Hay un contacto directo con el mercantil y además muchos fabricantes también controlan parte del canal de ventas masivo. Eso nos permite concluir que en el primer semestre hubo un 20 por ciento menos de ventas respecto de igual período de 2015”, precisó Serra, sobre las características del negocio en la provincia.

“Si bien la expectativa está centrada en la temporada primavera-verano, hay quienes tomaron recaudos a partir de una sencilla proyección ante la falta de señales de reactivación de consumo”, mencionó el referente empresario que estimó “un saldo negativo de 30 millones de pares sin vender al cerrar el 2016, en relación a lo comercializado el año pasado, que fueron 142 millones de unidades”.

Sin ser agoreros, la perspectiva a agosto no es de las mejores y si de planificación se trata, los industriales vienen prefiriendo ajustar la producción para no quedarse con un abultado stock en los depósitos. “Los talleres lógicamente están trabajando para alcanzar las pretensiones fijadas para una temporada que se anticipa también como muy ajustada para el bolsillo del consumidor. No obstante si uno sobrevuela el sector, no observa la desazón que se veía en los años 90 o en la crisis del 2001”, resumió Serra.

Mantener el empleo

En sintonía con la industria textil, hasta el momento no se han contabilizado cesantías masivas en el sector del calzado. “No hay despidos y eso en un contexto como el actual es positivo”, remarcó el gerente de la CIC, quien igualmente aclaró que si bien no hay telegramas, entre los paliativos que permiten mantener las estructuras de personal figuran la supresión de turnos de manufactura. “La mayoría valora al personal que ha costado tiempo y recursos capacitar”, sostuvo.

“Más bien hay esquemas de restricción horaria. No eran pocas las industrias que en la previa de la temporada estival trabajaban con doble turno y hoy sólo operan con uno”, graficó Serra sobre una industria que en su gran mayoría está constituida por pequeñas empresas que individualmente no superan la veintena de trabajadores.

Medidas de estímulo

La Cámara, lejos de quedarse en la queja intenta, a como dé lugar, establecer procedimientos que posibiliten la subsistencia de sus asociados. En dicho propósito hay conversaciones habituales con la cartera productiva de la provincia. “Algunas ideas se nos ocurren. Como la reintroducción de los derechos de exportación, un gravamen que existía antes de la asunción de Macri y que penalizaba con mayor erogación a quien pretendiera, por caso, comercializar en el exterior cueros con escaso nivel de agregado de valor. Eso fomentaba la industrialización”, mencionó Serra.

“Buscamos que a medida que se le agregan procesos a una mercadería se bajen los derechos de exportación y que lo recaudado por dicho tributo pueda engrosar un fondo que estimule no sólo la fabricación de calzado, sino otras ramas ligadas como la marroquinería y la tapicería”, explicó, sobre las propuestas que se piensan elevar a la esfera nacional. “Justo nuestra entidad provincial está encabezando la federación que nuclea a todas la cámaras del país, y hay completa adhesión de todas las regionales en concretar dicho proyecto”, planteó.

El fantasma chino

Nadie desatiende la variable de las importaciones como foco de preocupación, pero es un elemento que al rubro calzado no lo desvela como el balance recesivo de la primera mitad del 2016. “Hay datos claros. En el primer semestre entraron desde el exterior seis millones de pares más respecto del año pasado. Eso significa un alza del 30 por ciento. Pero hoy por hoy no es la preocupación principal”, describió Serra.

“No se trata de descuidar el frente externo como potencial elemento que perjudique de manera severa la industria local, sobre todo si se sostienen los niveles de penetración de mercadería de Brasil y el continente asiático fundamentalmente, pero hoy por hoy nos desvela reforzar las potencialidades de la manufactura local y lograr reactivar el consumo”, puntualizó.

Fuente: En Foco XXI – Mirador Provincial

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