Buscan fondos para arreglar techos y poner máquinas a punto para ajustarse a los protocolos de los organismos nacionales. La fábrica recuperada por sus trabajadores espera la matrícula que la certifique como tal para empezar a producir.

¡Lo que hay que hacer!”, murmura Cacho, como resignado, mientras suelta un rastrillo y junta con los dos brazos una importante cantidad de pasto cortado. Lo deja dentro de una bolsa y entra a la fábrica Prunelle, ubicada en la comuna de Soldini. Hasta septiembre del año pasado, Cacho estaba a cargo de armar los pedidos de la empresa de productos de belleza. Ahora, es el presidente de una cooperativa que espera que los trámites terminen a su favor y le den la matrícula para funcionar como tal. Y entre las cuestiones pendientes, una es cortar los yuyales que crecieron desde que los propietarios abandonaron a la empresa y a sus empleados. También improvisados jardineros, él y sus 20 compañeros ponen el lugar a punto para arrancar apenas los organismos del Estado lo autoricen. Y esperan la ayuda de colectivos y organizaciones sindicales, sociales y políticas para que esa puesta a tono sea efectiva y acorde a las normas de seguridad que una fábrica de este tipo necesita.

Ayuda económica y sacrificio parecen ser los ingredientes que le resta a este proceso de formación de cooperativa para empezar; además de la matrícula que la certifica como tal. Los trabajadores de Prunelle dicen que sacrificio y fuerza de voluntad sobran en la fábrica. Pero también que con eso no basta.

“Nos urge la ayuda económica”, señala Claudia, una de las trabajadoras. Según explicó la mujer, apenas Prunelle esté habilitada para trabajar necesitarán aprobar la Inspección de Farmacia y la de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, las áreas provincial y nacional que habilitan espacios que trabajan con productos químicos como los de Prunellle. Y en las condiciones que está la fábrica no podrán recibir la autorización.

Claudia habla en cifras descomunales. Prunelle ocupa dos galpones, uno de 2.100 metros cuadrados cubiertos y otro de 1.100. El principal problema es que ambos espacios se llueven. Sin embargo, también necesitan invertir en instrumentos y en la reparación y control de las maquinarias, que llevan casi un año paradas.

El listado de necesidades para poner en condiciones la fábrica y el legajo de la lucha que llevan adelante están recorriendo distintos despachos políticos. Primero llegaron a las autoridades de la comuna. Luego, al senador provincial por el departamento Rosario, Miguel Lifschitz, y también al Ministerio de Trabajo de la Nación. Todos respondieron favorablemente, pero Prunelle no vio todavía un peso. “Sus tiempos no son los mismos que los nuestros”, lamenta Claudia y aprovecha la ocasión para llamar a las fuerzas políticas a que los acompañen en el proceso. También rescata el rol de los clientes, que manifestaron el compromiso de comprar a la cooperativa como lo hacían cuando era una empresa privada. Y le pide a la población que “compre” Prunelle cuando la producción llegue a las estanterías de los comercios.

Los trabajadores de Prunelle sostienen que la cooperativa es cien por ciento redituable. Aunque aún no pueden trabajar, la organización interna ya está establecida y las autoridades elegidas. “Está todo organizado, porque vemos que tenemos futuro”, rescatan. Y además señalan que corren con una ventaja: la antigüedad y experiencia en su trabajo, y la cobertura de cada área, incluso las administrativas. “Se fueron algunos compañeros, pero no quedó, sin embargo, ningún área descubierta. Y con eso tenemos mucho a favor. En muchas metalúrgicas quedan sólo los empleados de fábrica, no hay administrativos. Acá quedaron hasta el contador y la directora técnica. Incluso los proveedores y clientes nos apoyan, acompañan y esperan”, explica Roxana, también trabajadora de Prunelle.

“El problema es económico, porque lo peor ya pasó”, rescata Cacho y recuerda los meses enteros que pasaron haciendo guardia, durmiendo dentro de la fábrica sin luz ni agua, y sin cobrar un peso.

La fábrica de cosméticos Prunelle cerró en septiembre del año pasado. Sus trabajadores resistieron y decidieron conservar, ante toda tentativa, su fuente de trabajo. La quiebra de la fábrica se dictó el 19 de diciembre de 2014 y con eso se pusieron en marcha los trámites para conformarse como cooperativa. “Ya estamos en los pasos finales. Gracias a Dios, todo fue a nuestro favor”, rescata Roxana.

El proceso de formación como cooperativa conlleva también un proceso de formación humana. Y los trabajadores rescatan conceptos que incluso pueden sonar cliché, hasta el momento que se conoce su historia: compañerismo, esfuerzo y solidaridad, saber que todo se puede y nada es imposible, fuerza de voluntad, entusiasmo.  Todos parecieran ser las principales herramientas de las que se valieron. “La voluntad de cada persona que integra esto nos ha dado la posibilidad de seguir estando”, resumió Roxana.

Fuente: En Foco XXI – El Ciudadano

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