Desde el Gobierno Nacional dicen que “lo peor ya pasó”, pero los sectores que producen con valor agregado y generan trabajo denuncian una asfixia que no termina. Crecen las importaciones, se reduce el consumo en el mercado interno y se incrementan los costos de producción. Datos duros sobre el momento que atraviesa el país y Santa Fe.

El cambio de época que vive hoy la región tiene consecuencias fuertes: hay un viraje sustancial en las políticas más elementales que llevan adelante los Estados. Por caso, abandonar el impulso del mercado interno como proceso de sustitución de importaciones, parece, quedó en el olvido; y todas las fichas apuntan a conseguir inversiones extranjeras a cualquier costo.

En ese combo, que principalmente marca un futuro incierto para las pymes industriales, también hay que incluir recortes en el gasto público y una menor presencia del Estado como articulador en una economía de mercado. Esto lo saben los brasileños, que están a punto de sufrir un congelamiento del gasto público por los próximos 20 años. ¿Y en casa cómo andamos?

Según el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, “lo peor ya pasó” y “cada día es más claro que no estamos entrando en una crisis, sino que estamos saliendo de ella”. Obviamente, no piensan lo mismo diversas organizaciones sociales que ven las consecuencias de los recortes y de la poda del empleo en el incremento de las copas de leche y los comedores comunitarios.

Tampoco ven una luz al final del túnel los pequeños y medianos industriales, que generan más del 80 por ciento del empleo manufacturero en la República Argentina. Y en Santa Fe, a partir de un trabajo conjunto con el Ministerio de la Producción, además de sufrir una merma importante en las ventas (fiel reflejo de la economía doméstica) deben soportar el zarpazo importador.

Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), hubo un aumento del 10,8 por ciento de las importaciones de bienes de consumo en el mes de septiembre. Además ingresaron con un precio 6,5 por ciento menor, es decir, productos más baratos en el mercado interno. El dato fue revelado en el 5° informe del Observatorio de Importaciones.

Herramienta para pensar

En conjunto, el Ministerio de la Producción de la provincia y la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) elaboran un diagnóstico de la situación del mercado interno. Las importaciones no son la única variable que explica la situación difícil que vive el sector, ya que a eso se le suma la caída de ventas, la baja de la actividad industrial y el aumento de los costos de producción.

El ministro de la Producción, Luis Contigiani, también mostró su preocupación por el “ajuste laboral muy profundo, que muchas veces no es visible” en la provincia. “En Cañada de Gómez, 1.500 trabajadores de la industria de la madera desde principio de año no tienen horas extras. Así, hay 45 millones de pesos menos por horas extras en la ciudad”, explicó el funcionario.

También dijo que ese tipo de situaciones “es una forma de ajuste, una forma de distribución regresiva de recursos”. Para Contigiani, “es necesario poner al mercado interno en agenda, avanzar hacia un modelo de integración con agregado de valor horizontal y vertical, y evitar los modelos concentrados y verticales a partir de las ventajas naturales”.

“Con eso construimos islas con mucha riqueza, pero no un país”, recalcó el titular de la cartera productiva. De hecho, llegó a decir que el modelo de primarización de la economía (sin valor agregado ni industrialización) excluye a 15 millones de argentinos y que plantear competitividad a partir de la inversión externa es peligroso porque se pulveriza el mercado interno.

Por su parte el presidente de la Fisfe, Guillermo Moretti, manifestó: “Vemos que las importaciones se van incrementando y perjudican a la industria nacional. Un proyecto industrial no se hace ni por generación espontánea, ni porque lo decidan los mercados, ni porque haya un aumento en la tecnología, sino que hay que trabajar para tenerlo y es algo que no vemos que esté sucediendo en la Argentina”.

Grieta en cifras

En este quinto informe del Observatorio de Importaciones se destacan las complicaciones en las industrias del calzado, de la línea blanca y del sector alimenticio. En primer lugar, se evidenció una suba del 13 por ciento en la importación de calzados, lo que sumado a la caída del 19 por ciento del consumo interno genera una caída del 25 por ciento en la fabricación de este producto.

En Santa Fe se produce el 15 por ciento del calzado argentino. Asimismo, se prevé para este año una caída del 30 por ciento en la venta de heladeras, a la vez que se registró un aumento del 291 por ciento en las importaciones. O sea, se producirán 400 mil heladeras menos que en 2015, lo cual equivale al trabajo de todo un año de una de las fábricas de la provincia que emplea a 600 personas.

En cuanto a la industria alimenticia, el informe arroja aumentos en las importaciones del 352 por ciento en bondiola de cerdo; 155 por ciento en jamón crudo y 750 por ciento en pollo trozado. También aumentó 176 por ciento la importación de caramelos blandos, lo que representa una cantidad equivalente a cinco veces la producción de una fábrica rafaelina que emplea a 120 personas.

A partir de un mapeo sobre la situación del empleo y la inflación, se pueden destacar otros datos que muestran una fotografía compleja del momento. En tal sentido, el empleo formal descendió 0,7 por ciento interanual en agosto y la caída llega al 0,9 por ciento desde diciembre, según la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Trabajo de la Nación.

Las caídas de empleo más significativas se dan en la construcción (-9,6 por ciento interanual) y la industria manufacturera (-3,6 por ciento). Al respecto, en la construcción la caída interanual acumulada en los primeros siete meses de 2016 alcanza al 10,8 por ciento. Así lo indicó el Instituto de Estadísticas y Registro de la Industria de la Construcción (Ieric).

En relación al costo de vida, también a modo de muestra, se puede señalar que el Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires (fuente oficial del gobierno porteño) fue del 1,3 por ciento en septiembre. Eso implica una inflación acumulada en los primeros nueve meses del año del 32,8 por ciento y una interanual del 43,1 por ciento.

En tanto en Córdoba, el índice oficial registró un incremento en septiembre del 1,76 por ciento respecto al mes anterior y del 39,13 por ciento en comparación a septiembre de 2015. A su vez, el Centro de Estudios Benjamín Hopenhayn mencionó que el índice de alimentos y bebidas creció un 2,3 por ciento mensual en septiembre en los supermercados, y la variación interanual es 44,8 por ciento.

Por último, cabe mencionar que el IPC Congreso mostró una suba del 0,8 por ciento para septiembre y el incremento interanual alcanza al 42 por ciento. Por otro lado, la suba en los primeros nueve meses del año es del 31,8 por ciento. En definitiva, pese a los anuncios que hace la Nación sobre el control de la inflación a partir de un plan económico, la realidad muestra otra cosa.

Brasil estornuda, Argentina se engripa

El presidente de Brasil Michel Temer obtuvo apoyo institucional para un plan de ajuste de 20 años y los brasileños van hacia el literal congelamiento del gasto público de tener sanción definitiva la enmienda que propone el mandatario. Así, la principal economía latinoamericana y una de las mayores del mundo sólo podrá aumentar su gasto público de un año al otro en función del porcentaje de inflación del año que deja atrás. Esta abolición de la política implica que ni siquiera el presupuesto aumentará junto con el crecimiento vegetativo de la población.

Brasil pasa por una fuerte recesión. Se estima que su PBI caiga un 3,2% en este año. Además, ya alcanzó un 11% de desocupación. El cepo al gasto público alcanza a la salud, la educación, las políticas sociales, todo lo que el Estado paga, y por su rango constitucional se mantendría aún si la economía crece y el Estado aumenta en recaudación y recursos.

Mercosur mediante, Brasil es el principal socio comercial de Argentina. Fue el destino del 17,78% de las exportaciones argentinas durante 2015 y del 15% en el período que va de enero a septiembre de 2016, según el Indec. A la inversa, en 2015 fue el origen del 21,77% de las importaciones del país; entre enero y septiembre de 2016 esa cifra subió a 24,12%.

El estornudo verdeamarelo es un ventarrón en la economía privada y pública argentina; la relación es muy asimétrica. Con la transformación del tablero político, Temer tomó la misma perspectiva que Mauricio Macri, pero con mayor dureza: pretende que Brasil negocie con otros bloques comerciales por fuera del Mercosur, pero con autonomía respecto de sus socios sudamericanos.

En la comparación de los primeros nueve meses de 2015 y 2016, las exportaciones argentinas hacia el país vecino cayeron -18,04%, mientras que las importaciones aumentaron un 0,9%. Así, el déficit en la balanza comercial (esto es: la diferencia entre compras y ventas al exterior a favor de Brasil) creció durante estos ocho meses: entre enero y septiembre de 2015 Argentina quedó abajo en -1.999 millones de dólares; en el mismo período de 2016 el saldo negativo llegó a los -3.532 millones de dólares, superando con mucho el déficit total de 2015, que fue de -2.907 millones de dólares.

 Fuente: En Foco XXI – Cruz del Sur

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