“Acá, en el corazón del país, en un rinconcito de la bota que delimita a la provincia de Santa Fe, existe un pequeño puntito marcado en el departamento Castellanos en donde están ellos, los habitantes de Colonia Bigand, una comunidad pequeña, pero pujante”.

Esta Colonia se fundó hace un poco más de 100 años y desde entonces crece, cree, sueña, existe y sobrevive… Muchos fueron los gobiernos que pasaron, muchas fueron las historias, los tropiezos, las caídas, pero muchas más fueron las veces que se recuperó, se levantó y continuó el camino; así que ésta, no será la excepción.

En infraestructura, si se compara con la capital provincial o las grandes ciudades de Argentina, casi no existe. Pero para quienes forman parte de ella, quienes son parte activa del crecimiento, la Colonia es grande, fuerte, importante y ÚTIL para el desarrollo del sector agrícola/ganadero.

Colonia Bigand, posee una Capilla, levantada a pulmón por los propios habitantes; una escuela primaria a la que asisten los niños de la zona rural y cuya Asociación Cooperadora trabaja año a año para brindar a los pequeños un mejor futuro; el edificio comunal que es una fuente de trabajo para 5 personas; un muy pequeño kiosco; un salón de usos múltiples para que todos los colonos puedan disfrutar; este año, con mucho orgullo y después de muchas gestiones, cuenta con una pequeña planta potabilizadora de agua por ósmosis inversa y un playón deportivo para que todos los habitantes puedan disfrutar. Y además, lo más importante, lo que la hace vivir, crecer y permanecer en el tiempo: diversas explotaciones agrícolas/ganaderas activas (o por lo menos hasta hace unos días, así se encontraban).

La gente de la Colonia es gente que produce, trabajadores del campo, personas para las cuales los días tienen 24 horas laborables y las semanas no tienen días de descanso; personas que se esfuerzan a diario para crecer, producir y darle al país el alimento de cada día, y aunque muchas veces sean injustamente repudiados, ellos persisten, perseveran y continúan soñando. Cosechar los frutos de años de trabajo, es el mejor logro que ellos pueden obtener, porque no son días ni meses… sino que son años los necesarios para lograr los mejores objetivos.

Pero cuando se trabaja durante días, noches, meses, años… y la naturaleza se ensaña tanto… Cuando pasan vientos que llevan parte de las casas, árboles, cableado de luz, cuando el agua no da tregua, no se puede controlar y desborda desde cualquier lado, cuando las piedras destrozan lo poco que queda de lo sembrado, cuando el trabajo de años de lucha desaparece casi tan rápido como dura un bostezo… Nada vale, los sueños se derrumban, el ánimo se cae y las ganas de seguir intentando se esfuman…

En este último mes, cayeron aproximadamente 450 mm de precipitaciones sobre la colonia que colapsaron caminos, zanjas y canales. La furia de un intenso viento se llevó el techo de un hogar, arrancó casi por completo el techo del SUM que con tanto esfuerzo se construyó hace pocos años, sacó de raíz cientos de árboles, se ensañó con el tendido del cableado eléctrico, destrozó galpones y tinglados y una tremenda pedrada arrasó con los pocos cultivos que quedaban con vida luego de las intensas lluvias…

Todo esto se traduce en un puñado de personas con los sueños rotos, desahuciados, desanimados… pero en esta Colonia, lo que sobra es voluntad. Pese a que se encontraban sin energía eléctrica desde hacía 3 días, prácticamente incomunicados por el agua en los caminos, recibiendo agua del desagote de localidades vecinas y con el ánimo casi tan enterrado como las patas del ganado intentando sobrevivir, se levantaron una vez más… Como hace veintipico de años, o como hace 9 meses atrás, se levantan y siguen, buscan e intentan salir adelante.

Es momento de olvidar individualismos, aunque somos chiquitos, somos parte de este país tan rico; estas eventualidades naturales desaniman, pero no podemos bajar los brazos, aunque nos olviden, o no nos consideren, nosotros tenemos que salir, tenemos que resurgir, ¡vamos a poder! Va a tardar, sí. Pero en esta Colonia, voluntad es lo que sobra. Entre todos trabajaremos para volver a creer, volver a brillar y sí, cuesta, duele, pero solo hay que perseverar, y confiar y saber que siempre, pero siempre después de la tormenta, sale el sol”.

Soy Mariana Oggero, viví mi infancia en la Colonia y mi papá es quien preside la comuna actualmente.

Fuente: En Foco XXI – Infocampo

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