Este año en Coronda se iniciaron algunos ensayos para evaluar la viabilidad de realizar el cultivo sin suelo, técnica que podría resolver un problema que amenaza al sector: la disminución de tierra disponible por el avance de la urbanización. También implica un menor uso de agroquímicos y la mejora de las condiciones de trabajo para los cosecheros.

Una de las principales amenazas que acechan al cultivo de frutilla en la región podría encontrar solución en una nueva técnica que ya se está probando en Coronda. Acorralada por al expansión urbana, que ha ido disminuyendo las hectáreas disponibles, la producción tendría en el cultivo sin suelo la chance de duplicar -y hasta cuadruplicar- la cosecha sobre una misma superficie.

La alternativa comenzó a probarse esta campaña en tres ensayos particulares, con la colaboración de proveedores de insumos y la oficinal local del INTA, donde ya se habían recibido consultas por parte de los productores. Si bien cada planteo tiene sus características particulares, en todos los casos se trata de cultivos bajo cubierta, implantados sobre sustratos orgánicos o inertes y elevados del piso sobre caballetes. La posibilidad de multiplicar la cosecha radica en una mayor densidad de siembra que en los planteos convencionales, pero sobre todo en la posibilidad de que una misma camada de plantas durante dos campañas. Esto, debido a la menor incidencia de enfermedades que sufrirían por estar distanciadas del suelo, situación que genera otra ventaja: la reducción en el uso de agroquímicos (otro punto de conflicto con las zonas urbanizadas).

Optimizar superficie

María del Huerto Sordo, responsable de la oficina del INTA en Coronda, comentó que “muchos productores venían pidiendo que la institución encare un proyecto para evaluar el sistema”. Como asumir esa inversión era inviable coordinaron con los particulares interesados. “Se encara en forma conjunta, tenemos participación directa sobre los datos del productor y vamos haciendo juntos el análisis”, dijo en referencia al ensayo que se lleva adelante en el Establecimiento Don Cacho en Desvío Arijón.

Sordo consideró que este sistema productivo tiene chances de adopción porque los frutilleros “vienen buscando mejorar la calidad, aumentar la densidad por el cercamiento que implica el avance de la ciudad, con espacios cada vez menores para producir; y bajar la carga de agroquímicos”.

El ingeniero agrónomo Cristian Pernuzzi, asesor técnico de este ensayo, señaló que “el objetivo principal es ver cómo intensificar el cultivo, logrando densidades por superficie mayores a las que se usan hoy a campo”. Y agregó: “la idea es cuadruplicar la producción”, ya sea por densidad de plantas (en vez de implantar a 30 centímetros, como en el campo, lo hacen a 15) como por la duplicación de surcos, intercalándolos en dos alturas diferentes (lo que ensayarían definitivamente el próximo año). La idea es hacer cuatro caballetes de 3 surcos cada uno (12 en total) dentro del macrotúnel. “Así se duplican surcos y densidades, multiplicando por cuatro la cantidad de plantas por superficie”.

El técnico indicó que con esta alternativa “empezamos a solucionar determinadas limitaciones como la superficie, que en Coronda está cada vez más restringida por el avance inmobiliario”. Al estar el distrito acotado por el río y la autopista Santa Fe-Rosario, explicó, “hemos perdido superficie productiva”.

Otra experiencia, al sur de Coronda, la realiza la firma Patagonia Agrícola S.A. (Vivero Don Antonio) en el establecimiento del productor Carlos Bianchi, con el apoyo de la firma Suagro. José Luis Berra, representante del vivero, indicó que se plantearon probar distintos sustratos y sistemas de riego, así como la automatización. Ellos optaron por un sistema de semi-hidropónico, con sustrato inerte, siguiendo el modelo brasileño. El objetivo es “capacitarnos, aprender a manejar esto como innovación tecnológica para optimizar los recursos”, afirmó. “En muchas zonas -agregó- viene creciendo a pasos agigantados la técnica, sobre todo por la poca disponibilidad de suelo y la facilidad de mano de obra para la cosecha”.

Sustrato clave

Pernuzzi detalló que optaron por un sustrato orgánico, ya que -a diferencia de uno inerte- se vuelve más flexible el manejo del riego y la fertilización, así como del PH y la electroconductividad. “Es como un buffer o seguro”, dijo, y lo consideró más lógico para iniciarse en la técnica. La idea es sumar experiencia y en el futuro, quizás, optar por las otras posibilidades que, si bien exigen mayor precisión en el manejo (como la hidroponia), son mucho más económicas que el sustrato orgánico.

El técnico relató que están probando 6 variedades para analizar cual se adapta mejor. “Por ahora vienen peleando todas parejitas”, dijo, y aclaró que hoy Camino Real tiene mayor producción, pero en un mes puede destacarse otra por una carga instantánea mayor. Suponen que recién el segundo año sabrán cual es la más propicia.

En su planteo el sustrato es el insumo más costoso, con un valor de $110 a 120 el metro lineal (son dos sacos de nylon de 32 centímetros de ancho), mientras en convencional se gasta un tercio en preparación del suelo (entre laboreo, desinfección y mulching). El material está elaborado a medida por una firma de Buenos Aires, con un PH estable (5.5/6), apuntando a una mayor durabilidad y capacidad de intercambio catiónico. La fórmula incluye turba de segundo corte (más profunda, donde es más estable), cáscara de pino compostada de granulometría mayor -para dar cuerpo y consistencia- y perlita. “Si no fuese estable el sustrato se iría oxidando y achicándose”, dijo.

El ingeniero sostuvo que “si dura cuatro años ya hay una ventaja económica contra el convencional”. Y si las plantas duran dos cosechas, en ese plazo además habrá un ahorro de dos compras de plantines. A eso se sumaría la ventaja productiva, “que todavía no lo sabemos pero pinta que sí”, de lograr una producción mayor por planta. Y la calidad de la fruta, “que al estar expuestas a la luz tienen un color rojo uniforme, una consistencia distinta, con mayor firmeza, que también podría otorgar una ventaja de mercado”.

Para Pernuzzi lo principal es lograr una producción similar o superior a la tradicional, además de obtener una renta aceptable. “Hoy el margen no lo podemos determinar con precisión”, explicó. Aunque la clave pasa por saber cuanto durará el sustrato, que es el insumo más caro, para determinar el plazo de amortización. En otros países ya lo tienen cuantificado. Por ejemplo en Brasil lo mantienen 8 años, con lo que eso implica para recuperar la inversión inicial. Pero en Coronda no saben qué durabilidad tendrán en función del clima local, por lo que el ensayo también busca medir esa variable. “Suponiendo que dure cuatro años, ya estamos hablando de una rentabilidad económica; pero si dura menos hay que buscarle una alternativa”, explicó el técnico.

Más sanas

Otra ventaja del sistema pasa por el ahorro en riego, ya que un turno de riego en agosto en el campo dura de 30 a 40 minutos día por medio (20 minutos diarios en promedio), mientras que en el planteo sin suelo requieren menos de 5 minutos diarios. “Lleva a un ahorro de agua y de energía eléctrica”, remarcó.

En esta tarea se utiliza una solución de nutrientes (macro y micro) en una concentración que, a medida que avanza el año y la planta demanda más agua, se van diluyendo de modo de mantener estable la nutrición del cultivo. “Hay equis cantidad (de nutrientes) que tengo que aportar por semana, y eso está en función del consumo de agua; si el consumo de agua se duplica hay que bajar a la mitad la concentración”.

En Don Cacho las mediciones se hacen de manera práctica, monitoreando la electroconductividad de entrada y salida. Y sobre este aspecto, Pernuzzi explicó que, como se usa agua de río, otro elemento a analizar es cómo impactarán los sedimentos (arcilla y barro) que irremediablemente se incorporarán al sustrato durante el ciclo del cultivo.

Otro aspecto importante es el uso de agroquímicos. Destacó que tras la eliminación del bromuro de metilo surgieron sustitutos para la desinfección del suelo, pero tienen “huecos” por los que se escapan algunas enfermedades, fundamentalmente de raíz y corona. “Al prescindir del uso del suelo evitamos las enfermedades y el uso de plaguicidas, porque se utiliza un tercio o un cuarto de lo que se usa a campo”. La desinfección no se hace porque los sustratos llegan esterilizados, y al estar la fruta elevada es menos susceptible a hongos y plagas, por lo que se reduce la utilización de fungicidas e insecticidas.

Y si bien el manejo cultural es el mismo, al estar elevado un cosechero podría duplicar su capacidad de recolección. “Y como se paga a destajo, o sea que cobran por kilo cosechado, con este sistema podría duplicar sus ingresos, además de no tener que agacharse, evitándose problemas lumbares”, añadió.

Los números dirán

El ingeniero Berra, por su parte, está probando fibra de coco y dos sustratos con diferente proporción de perlita en un macrotúnel elevado como se usa en Brasil. En total cuenta con cinco surcos con dos variedades de la Universidad de California: una es Benicia; la otra es San Andrea, “la que más se adapta a este tipo de emprendimiento”, dijo, porque es refloreciente y útil para usarla más de un año. “Lo hemos visto en Brasil -aseguró- donde la misma planta dura hasta tres años en producción”.

El ensayo también incluye diferentes planteos de riego, con goteros a 10 y 20 centímetros y autocompensados, con chupetes individuales para cada planta. “Cuando la planta lo necesita el sistema automatizado de riego prende y corta solo, eso se programa con un temporizador, no hay sensores”, precisó. La regulación se hace con puntos de testeo de PH y electroconductividad; y cada línea tiene un manejo individual, con ajustes semanales a cargo de la ingeniera agrónoma de Suagro Gabriela Weder, quien hace el plan de fertilización y programa el riego. A diferencia del planteo orgánico de Pernuzzi, en esta caso al ser la fibra de coco un sustrato inerte, entonces el ajuste de nutrición es mucho más fino.

“Por lo que se ve, estamos conformes en cuanto a la producción, que va a la par de las convencionales, y se observa muy buena sanidad de plantas; los gramos son aceptables; quiere decir, a simple vista, que funciona y la planta está produciendo”, resumió.

También consideró que al ser más fácil de cosechar “hay mejor calidad de fruta, que a su vez es más sana -más firme y sabrosa- por estar lejos del suelo y menor uso de agroquímicos”. La única duda, por el momento, es qué pasará con las altas temperaturas en el verano.

Mientras tanto, Berra afirmó que “hay interés pero es muy novedoso, aún hay que evaluar costos de inversión y el productor al estar en Coronda, donde tiene condiciones naturales, quizás no opte por este sistema”. De todas maneras, “todavía no están los números hechos”.

Para Pernuzzi, “hoy apunta a tener muchas ventajas, pero recién lo estamos evaluando; de acá a cuatro años sabremos si hay o no rentabilidad”. Si funciona, no tiene dudas que la adopción será natural entre los productores locales. “Cuando hay un margen o un beneficio no hace falta promocionar estas nuevas tecnologías”, aseguró.

Campaña

María del Huerto Sordo, del INTA Coronda, indicó que este año nuevamente hubo un vivero con problemas, por lo que un alto porcentaje de plantas defectuosas. “Eso -afirmó- hace que haya entre 15 y 20% de la superficie en Coronda afectada”. A pesar de eso, consideró que la primicia “viene bastante bien, sobre todo entre quienes tuvieron buena sanidad inicial”.

Fuente: En Foco XXI – Campo Litoral

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