La familia Guarnieri-Mc Loughing se está haciendo conocida en el sur provincial, y todo gracias al ingenio: sus integrantes crearon una planta que producen biodiésel luego de procesar la soja que ellos mismos siembran. Y ese combustible sirve para autoabastecimiento. Viven en San Francisco, a 35 kilómetros de Venado Tuerto, en el sur de la bota santafesina.
¿Cómo empezó todo? De la familia, Martín es el mayor de cinco hermanos: Marcos, Matías, Mariano y Mateo. Hace unos seis años se capacitó en Justo Daract (San Luis) para armar la planta de biodiésel. Con el combustible que obtienen, desde hace dos años abastecen sus herramientas, maquinarias, camionetas y camiones. Hasta el momento son los únicos en la zona dentro de este rubro.

Los equipos con los cuales trabajan fueron adquiridos en el Chaco y pueden producir 1.800 litros de biodiésel cada 24 horas, que es el tiempo para dejar que el producto decante. Un mini reactor mezcla el alcohol y el metilato, donde se genera una reacción más o menos de 45 minutos. Después, esa mezcla sigue viaje hacia los decantadores de 600 litros y a un reactor 300.

Entran dos “tachadas” a cada decantador, donde se deja reposar y se separa el biodiésel del glicerol. El proceso es sencillo: sólo hay que tener cuidado con el aceite, porque tiene que estar bien “desgomado” y sin acidez. En suma, tiene que ser neutro.

Expeller, también

La familia de San Francisco procesa la soja que siembran, pero no todo termina ahí. También producen expeller (se trata de un proceso de extrusado-prensado de soja), que lo usan como proteína base para elaborar el alimento balanceado, que luego venden a clientes apícolas y a los que crían ganado porcino y bovino.

En cuanto al aceite, una parte va para consumo propio y el resto para venta. Lo único que no guardan es el glicerol, que queda de la reacción química del aceite para que se produzca el combustible. Tiene varios usos, pero no lo están vendiendo. Vale señalar que el biodiésel no perjudica al medioambiente, ni genera humo contaminante.

La parte que comercializan termina en varios clientes en un radio aproximado de 100 kilómetros. Se orientan con los precios a través del sitio web de la Bolsa de Comercio de Rosario o los sitios de venta online del agro.

Entre los inconvenientes que se pueden presentar en emprendimientos novedosos de este tipo, los Guarnieri-Mc Loughing corren contrarreloj con la energía eléctrica. Se les corta la luz continuamente y cuando pasan más de tres horas sin electricidad, son afectadas las prensas y los motores de la fábrica. Además pagan cara la energía, a pesar de que la cooperativa eléctrica les sacó un porcentaje que cobraban por el alumbrado público.

Sangre azulgrana

Todos son hinchas de San Lorenzo. Por eso, la empresa familiar se llama Los Cuervos SA. Martín recuerda que arrancaron hace seis años con el emprendimiento, básicamente por el poroto de soja, con el cual hoy en día siguen haciendo aceite y expeller.

“El beneficio fundamentalmente es económico. Nos sale mucho más barato el combustible nuestro que comprar. Le damos valor agregado al poroto que sembramos”, dice. Y remarca que todo surgió de una inquietud de su padre. “No contamina y es nuestro. Lo hacemos acá. El costo es mucho más bajo que comprar gasoil y funciona de la misma manera. Por eso nunca tuvimos problemas”, destaca.

Don Guarnieri, el mentor de la iniciativa, adelantó que están tratando de generar base para otros productos y que quieren conseguir una marca para comercializar “fuerte”. “Todos estamos en la parte agropecuaria y ese fue el impulso. Hacer algo distinto: darle un valor agregado a la mercadería que producimos”, afirma.

Y sintetiza: “Fuimos a las exposiciones de todo el país para ver emprendimientos ya hechos y a raíz de eso arrancamos con el nuestro propio. Le falta para ser mucho más rentable, pero no tenemos dudas de que tiene futuro”.

En crecimiento

La industria de los biocombustibles tuvo un gran desarrollo en los últimos años en la Argentina, siendo hoy el principal exportador mundial y el tercer productor mundial de biodiésel. La producción de etanol se ubica cerca de los 815 millones de litros/año y se destina casi en su totalidad al corte obligatorio.

En el 2016, Argentina disputó con Alemania el tercer puesto en la producción de biodiésel, computando todos los orígenes. La producción argentina llegó en 2016 a aproximadamente 2,7 millones de toneladas, con exportaciones del orden de 1,7 millones de toneladas.

Los datos de ventas externas del período enero-octubre del 2016 muestran que el 89% del biodiésel argentino se exportó a Estados Unidos de América. De casi 1.349.000 toneladas, cerca de 1.209.000 toneladas se despacharon a EE.UU. El 10% restante se remitió a Perú (133.543 toneladas) y el 1% a Panamá (6.800 toneladas).

Es un negocio que generó exportaciones para Argentina (en 2015) por U$S 486,7 millones. El valor promedio por tonelada en el 2015 se ubicó en 617 dólares. En los primeros 10 meses de 2016, el valor de las exportaciones argentinas subió sensiblemente a 948,3 millones de dólares, en tanto que el valor promedio por tonelada se ubicó en U$S 702. Afortunadamente, los precios promedio de exportación (medidos en U$S la toneladas) se incrementaron en 2016 un 13%.

En el país se hace biodiésel exclusivamente con aceite de soja, aunque puede elaborarse con cualquier tipo de oleaginosa, como la colza, palma, jatropha o residuos forestales. En Europa la producción de biodiésel es en base -principalmente- de aceite de colza, mientras que en Asia es en base a aceite de palma.

Fuente: En Foco XXI – Mirador Provincial

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