En San Javier, Carlos Frank un productor apícola decidió darle valor agregado a su producción de una manera muy innovadora: incorporar frascos a las colmenas para obtener un producto terminado por las abejas. Sin intermediarios, de la colmena a la mesa.

Su objetivo principal fue incorporar frascos a la colmena para que sean las propias abejas quienes “envasen” miel orgánica. De esta forma es más natural y vistoso. “Entrar por los ojos” era el primer requisito que Frank quiso cumplir para que el producto se venda, y lo logró.

Para lograr esto, el productor ideo todas las alterativas para sacarle el máximo provecho económico a cada kilo de miel. Frank comentó los beneficios de esta actividad a un diario reconocido de la provincia.“ El producto va directo de la colmena a la mesa, ya que el hombre ni siquiera lo toca; sólo se completa con un poco de miel, se coloca la tapa y listo: tenés un frasco de miel, cera, propóleos y polen; todo orgánico y natural.

En cuanto a los inicios, contó que “Fue en un grupo de WhatsApp que un amigo, que sabe que siempre ando haciendo cosas raras con la miel, me pasó una foto y me propuso que me anime”.

Lo único que sabían de la imagen era que provenía de Brasil, pero nada más. Así que se trató de una aventura a lo desconocido.

“Hicimos la prueba en varios colmenares, en un par agarraron muy bien”, explicó Carlos, y remarcó que es una alternativa 100% natural porque se pone el frasco vacío, sin siquiera un pedazo de cera para guiar a las abejas, calzado en una especie de falsa tapa sobre la cámara de cría. Para evitar el ingreso de luz, los tapó con un pedazo de plástico de silobolsa y arriba de todo puso otra tapa. Las abejas tienen que subir y empezar a labrar la cera en el frasco y por eso va tomando distintas formas; es muy irregular y llama la atención cuando está terminado”, describió Frank.

Agregó a su vez que “Hoy para que algo se venda, tiene que llamar la atención del cliente. Son 10 segundos que podes captar su atención, si lo lográs le vendiste la miel”.

Carlos vende su miel principalmente en ferias y exposiciones, además de proveer a comercios y a particulares. “Cuando voy a ferias hago que la gente pruebe; y les muestro los distintos colores y sabores, si es de monte o isla, o si es de caa-tay o de pradera”, dijo.

Contó a su vez que “La gente prueba y compra según su gusto, porque todos los paladares son distintos”. Junto con otro productor orgánico de la cooperativa encontraron un exportador de Buenos Aires que paga esa calidad “y recibimos un precio muy diferente al de la miel convencional”, contó. Carlos aclara que los costos también son muy diferentes, pero “vale la pena”.

Fuente: En Foco XXI – Infocampo

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