Mientras pelean junto a mutuales por no perder beneficios en el debate del presupuesto 2019, algunas firmas se desmarcan de la agenda negativa de todos los días. Los casos de La Cabaña, Vitrofin, Coopelit y ApiUni.

“A pesar de todo, de todas las cosas, me brota la vida, me crecen las rosas”. Como en el tango de Eladia Blázquez, varias cooperativas santafesinas pudieron desmarcarse del negro panorama que enfrenta la actividad económica provincial. La inauguración de la nueva planta industrial de La Cabaña (Rosario), el regreso a la producción de Vitrofín (Cañada de Gómez), el crecimiento de la Coopelit (Arocena) y las auspiciosas proyecciones de ApiUni (San Jerónimo Norte) sumaron en el último tiempo una serie de buenas noticias que funcionan como una bocanada de aire fresco ante tanta pálida.

Si bien el peso que pueden tener cada uno de estos casos es ínfimo frente a la caída general -la Bolsa de Comercio de Santa Fe calculó una baja del 2,3% durante los primeros siete meses del año-, sí tienen un impacto muy grande en las comunidades que las circundan. Que lo digan sino los 40 obreros de la cristalería Vitrofín, que desde febrero se habían quedado sin trabajo teniendo que recurrir a changas varias para llegar a fin de mes, o los 35 socios de la láctea La Cabaña, que tras recuperar la fábrica en 2006 demoraron una década en radicarse en su flamante sede, permitiéndoles no sólo mejores condiciones laborales, sino también soñar con expandir la producción. Lo mismo para los diez integrantes de Coopelit, que se animaron hace un tiempo a conformar una cooperativa de pequeños productores de nueces pecán y este año lograron cerrar su primera exportación a China, o los 28 miembros de ApiUni, que trabajan para convertirse en líderes nacionales en fabricación de hidromiel.

A este análisis debe sumarse la lucha que están realizando las cooperativas en el marco del proyecto de presupuesto 2019, que en su artículo 85 busca eliminar las exenciones al impuesto a las ganancias, batalla que dan junto a las mutuales de todo el país. Una postura que además cuenta con el apoyo del gobernador Miguel Lifschitz, quien tomó este punto como uno de los principales argumentos para rechazar la iniciativa de la Casa Rosada: “Desde las primeras reuniones planteamos nuestra absoluta negativa de incorporar este artículo”, afirmó recientemente.

El sueño de la casa propia
La historia de la firma láctea La Cabaña se remonta a mediados del siglo pasado, más precisamente a 1947. Atravesada por un proceso de quiebra que inició junto al colapso de la convertibilidad, fue recuperada por sus trabajadores en 2006. Cuando la actividad tomó fuerza no tardó en aflorar la necesidad de buscar lo que llaman la “casa propia”: por su ubicación la fábrica había quedado encerrada en el centro de Rosario, generando conflictos de envergadura al tránsito de la zona.

Ese sueño se convirtió en realidad el pasado 1° de octubre, cuando se puso en marcha la nueva planta industrial ubicada en la vecina localidad de General Lagos.

“Estamos muy contentos por el hecho de que una empresa recuperada pueda dar el gran salto y cumplir con el sueño de la casa propia”, afirmó la presidente de La Cabaña, Edith Encinas, quien indicó que la mudanza -que demandó una inversión de 10 millones de pesos- permitirá incrementar la producción y apostar por nuevos productos.

La flamante sede, que cuenta con 1.220 metros cuadrados, se edificó sobre un terreno de 4 hectáreas (comprada a los antiguos dueños de la empresa) a un costado de la autopista Rosario-Buenos Aires. “Como trabajadores el límite lo ponemos nosotros”, indicó orgullosa Encinas. Además de la crema de leche La Cabaña y las mantecas de la misma marca, Inty y Rosaura, la empresa sumará la producción de dulce de leche, que hasta ahora la viene tercerizando.

Volver a empezar

La de la cristalería Vitrofín es una historia que tiene ribetes similares (fue recuperada por sus empleados tras la caída en desgracia de la SA que la administraba), pero con particularidades distintas: luego de hacer malabares imposibles para mantener la producción a pesar de los tarifazos, en febrero de este año tuvieron que bajar las persianas porque la merma en las ventas hacía la actividad insostenible. Gracias a la ayuda de la Fundación para el Desarrollo de Cañada de Gómez (Fudeca), el apoyo del gobierno santafesino y la inquebrantable voluntad de sus trabajadores, en septiembre se lograron reunir los fondos para recuperar un horno y reactivar la producción.

Fueron varias las claves que permitieron la reactivación. El de Fudeca fue clave porque gracias a la venta de bonos y la realización de eventos logró aportar una buena parte del millón de pesos que requería la obra para el horno. Otro sin lugar a dudas fue el pedido de 25 mil piezas por parte de un distribuidor mayorista, que garantiza una demanda inicial importante.

“La perspectiva para la cooperativa es que está apuntada a un segmento ABC1 que es menos sensible a la inflación que afecta más fuertemente a otras empresas de la ciudad. En este sentido confiamos en que esto pueda seguir adelante, porque se trata de un producto con excelente calidad en lo que refiere a cristal artesanal”, indicó el secretario de Producción de Cañada de Gómez, Marcelo Cogno, a propósito de la visión a corto y mediano plazo de la firma.

La cooperativa también impulsó otros cambios en el plan comercial, ya que recientemente incorporó más vendedores para la zona de Cuyo, donde se encuentran la mayoría de las bodegas argentinas. Junto con las nuevas ventas por el canal electrónico y la proximidad de las fiestas, son algunos de los alicientes que brindan confianza en la continuidad de la fábrica.

Si bien el peso que pueden tener cada uno de estos casos es ínfimo frente a la caída general -la Bolsa de Comercio de Santa Fe calculó una baja del 2,3% durante los primeros siete meses del año-, sí tienen un impacto muy grande en las comunidades que las circundan.

La apuesta y sus frutos (secos)

El caso de la Cooperativa de Productores de Nueces Pecán del Litoral (Coopelit) es bien distinto. Esta entidad decidió en 2012 emprender un camino alternativo a la agricultura tradicional, donde la venta a granel deja al productor con ganancias muy escuetas que le quitan sustentabilidad al negocio en el tiempo. Persiguiendo la premisa de eliminar intermediarios en la cadena que va desde el campo al consumidor, lograron montar en la ciudad de Arocena una planta de procesamiento, acopio y empaque con tecnología importada de última generación. A ello sumaron recientemente una sala de almacenamiento en la localidad de Alvear.

A la par de incorporar maquinaria de punta, desarrollaron una estrategia de comercialización para fomentar el consumo de la nuez en el mercado interno (donde hoy destinan la mitad de la producción). Así, llega al consumidor con cinco variedades de producto: pelada entera, con cáscara, garrapiñada, pelada partida y pecán con chocolate.

El camino transitado por Coopelit le posibilitó ganar este año un premio del Centro Internacional de Innovación en Tecnología Agropecuaria (Cita) en la última exposición rural de Palermo, en la categoría “Innovación en valor agregado en origen”. Según entendió el jurado, la instalación de una línea de proceso de craqueado y descascarado significó “el cruce de un umbral en la eficiencia, que brinda a pequeños productores la posibilidad de colocar su producción en el mercado con valor agregado”.

“Siempre soñamos con la esperanza del futuro”, explicó Ariel Torassa, titular de Coopelit. En materia de comercio internacional, la mayor novedad de este año fue la concreción del primer envío a China, país que planifica multiplicar por diez su consumo de nueces argentinas para el corto plazo.

Endulzados

Otra cooperativa apícola con buenas perspectivas de crecimiento es el caso de ApiUni, con sede en San Jerónimo Norte. Desde 2015 viene trabajando en una línea de bebidas, agregando valor a la materia prima, y ahora la apuesta pasa por especializarse en un negocio poco tradicional pero con gran perspectiva en el mercado externo: la producción de hidromiel, un brebaje que algunos consideran el más antiguo de la humanidad.

“Estuvimos el año pasado en una gran feria en Turquía donde llevamos nuestras hidromieles y lo cierto es que tuvo muchísima aceptación en los países de Europa del Este, como Ucrania, Rusia y Eslovenia”, valoró Roberto Yudicatti, referente de la firma que por estos meses se encuentra refaccionando su sede para lograr fabricar 30.000 litros anuales de hidromiel. Estas cifras la convertirían en líder de un sector que si bien es marginal dentro de la industria apícola nacional, tiene mercado en el Viejo Continente.

“Hay una gran expectativa. Nosotros somos una entidad joven, con 12 años de experiencia. El primer paso fue la sala de extracción para brindar el servicio primario, pero hoy ya estamos avanzando con una industrialización que nos va a abrir varias puertas”, concluyó Yudicatti.

Fuente: En Foco XXI – Mirador Provincial

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