Diego Turco, presidente de la Asociación del Parque de Actividades Económicas de Rafaela (Paer) trazó un panorama poco alentador para las pymes de la región como consecuencia de un mercado sumamente recesivo y de un sistema financiero que “agobia a todo el sector”, apuntó.

El industrial rafaelino, ex presidente del Centro Comercial e Industrial de Rafaela y la Región (CCIRR), anticipó que como consecuencia de un sistema financiero “destructivo” las empresas van hacia “un nivel de endeudamiento que no les será fácil de soportar”.

En otro tramo, Turco se refirió a la situación del empleo y manifestó su preocupación porque estas adversas condiciones para la producción repercutirán “indefectiblemente en la relación laboral” y “lo que viene es claramente un proceso de deterioro”.

— ¿Cuánto de complicada está la situación del sector industrial rafaelino?

— En general está muy complicada, siempre haciendo la salvedad de que la ciudad tiene un modelo productivo diverso y esto implica una ventaja a la hora de afrontar las crisis, porque algunas empresas están hoy más dinámicas que otras. Está claro que las empresas más chicas son las más vulnerables, pero todas, les esté yendo un poco mejor o peor, están atravesadas por tres o cuatro parámetros que son los más complejos. El más difícil y destructivo es un mercado recesivo, con muy poco dinero en la calle y con un sistema financiero que se lleva la actividad y agobia a todo el sector. Este es el elemento que encadena dentro de las empresas toda una serie de distorsiones que las hacen inviables a fin de año porque el contexto las va endeudando sin querer, por así decirlo.

— Es de imaginar que el resentimiento de la cadena de pagos está es otro de los factores que está impactando fuertemente…

— Un ejemplo es este: tu cliente tiene dificultades para pagarte, y si no las tiene, aprovecha la situación para no hacerlo, entonces lo estira y te obliga a utilizar otras herramientas, que generalmente son financieras. Y si te envía valores a largo plazo, te obliga a venderlos, antes. Entonces, entrás en un proceso de descubiertos, tenés que apelar a la venta de valores y hoy en la ciudad hay una tasa de referencia de, más o menos, el 85%. Si a todo esto le sumás el financiamiento con tarjeta de crédito te vas a encontrar que toda la actividad se la está llevando el sector financiero con un esquema en el que cuando entrás en los bordes para financiarte empieza una situación de agobio que no te deja pensar. Ahí tenemos uno de los problemas más grandes.

— ¿Cuáles son los otros problemas?

— Después tenemos las tarifarias de servicios (agua y energía), que a mi entender, y a esta altura, ya deberían estar (los aumentos) suspendidos y retrotraídos. Son dos factores de gran agobio para las empresas sin olvidar un tercero que son las oficinas de rentas provinciales que ahora aprietan a las empresas para que cumplan con el pago de ingresos brutos.

— Me quedó haciendo ruido eso de que hay empresas que, con este panorama, son inviables a fin de año…

— Es así, porque las van a dejar con un nivel de endeudamiento que no les será fácil de soportar y, si pueden repuntar, les va a llevar muchísimo tiempo poder recuperarlas. Esto tiene que ver con que el sistema financiero tiene muy poco margen de negociación porque si no llegaste y cumpliste con lo pautado, se te cierran las puertas. Ahí es cuando se comienza a precarizar todo hacia adentro de la empresa como el pago de salarios, de aportes y termina repercutiendo indefectiblemente en la relación laboral, que es lo que más impacta en nuestras comunidades.

Sin luz al final del túnel


— La situación del empleo se está complicando en la ciudad. Hasta ahora los despidos se vinieron dando en forma de “goteo”, pero se van intensificando y lo que se ve es que las empresas van frenando su producción y las horas de trabajo.

— No tenemos indicadores nuevos, pero está claro que en nuestra región hace dos años que, prácticamente, no se crean empleos y lo que viene es claramente un proceso de deterioro.

— Con relación a las de 2009 y 2013, esta crisis económica parece ser más profunda para el empresariado pyme porque no tiene herramientas ni incentivos para sostener la actividad y el empleo…

— En la primera se pudo responder y reponer más rápidamente porque los Repro (Programa de Reconversión Productiva, por el que el Estado subvenciona parte del salario del trabajador de empresas en crisis que se obligan a no despedir personal, mientras se reordenan) eran un mecanismo anticíclico que funcionaba muy bien, eran de fácil acceso y eso ordenó la crisis. En la segunda oportunidad fue más difícil, pero fueron una fuerte ayuda para las empresas en riesgo. En cambio en ésta no hay nada de donde agarrarse, porque cuando uno mira las políticas hacia el futuro del país, los grandes temas en los medios nacionales están siempre haciendo referencia a la macroeconomía: cuánto va a fluctuar el dólar, cómo bajar el déficit y ninguna noticia sobre incentivos a una política productiva para compensar lo que nos está faltando. Esto hace que no observemos luz al final del túnel. Entonces, empiezan a quitarse horas de trabajo, que ya las hubo en varias empresas grandes de la ciudad, siguen las extras, los servicios complementarios y empiezan a aparecer baches que van precarizando la relación laboral.

Fuente: En Foco XXI – Mirador Provincial

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