Los dueños de Naranpol no dejaron ni la marca. Los trabajadores de la sede rosarina de la empresa, que llegó a ser una marca que identificaba a Santa Fe, reconstruyeron el centro de distribución sólo con su fuerza de trabajo y la confianza de los proveedores y de los clientes.”Había que hacer todo eso sabiendo que si te equivocabas había 21 familias que se podían quedar sin nada”.

Los trabajadores de la sucursal rosarina de la distribuidora Naranpol lograron sobrevivir a la política de quiebra sistemática de la familia Galán. Tenían la experiencia en venta y distribución y, sobre esa base, articularon la cooperativa Districoop e iniciaron el proceso de recuperción. La tarea no fue simple: además de recuperar proveedores y clientes debieron reformular su forma de pensarse como trabajadores. “Conocíamos la zona y teníamos la confianza de los comerciantes por todos nuestros años de trabajo”, recuerda Daniel Isaural, que hasta 2012 había trabajado como vendedor. La nueva etapa, que incluyó el alquiler de un depósito y la reconstrucción de las relaciones con proveedores y clientes, lo llevó a convertirse en presidente de la cooperativa. En estos tres años lograron poner en marcha la nueva empresa y pagar –a cuentagotas– sus propios sueldos: el próximo paso es capitalizarse para poder comprar mercadería y dejar de trabajar exclusivamente por pedido. Eso les permitirá tener “un salario digno para vivir”.

“En Rosario, sólo teníamos la venta y distribución de Naranpol y, por eso, cuando quebró la empresa acá no había más que nuestra capacidad de venta”, describe Isaural. Distinta fue la suerte de la fábrica de jugos y gaseoas, que estaba en Santa Fe y llegó a dar empleo a 500 trabajadores. Esa planta, que era una de las márcas que identificaba a la provincia y llegó a ser la tercera a nivel nacional, también es una empresa recuperada. A los dos grupos de trabajadores les pasó lo mismo: salarios atrasados por más de seis meses, muchas audiencias de conciliación, medidas de fuerza para intentar conservar la fuente de trabajo y, finalmente, la quiebra. “La familia Galán siempre hizo eso de quebrar y volver a abrir pero el padre (Carlos) era alguien con quien se podía negocia. Cuando llegaron los hijos (María, Martín y Lucas) eso se terminó”, dice Isaural.

La familia Galán recurrió a los argumentos habituales para explicar la desinversión: “Elevado costo laboral” y “empresa inviable”. En medio del concurso preventivo anunciaron que traspasarían la firma a Carlos de los Santos, quien en esa instancia legal se quedaría con la planta de Productora Alimentaria SA y realizaría una nueva gesticón, que incluía la reapertura de la casa central y la veintena de sucursarles que tenía en todo el país. El resultado de esa política de quiebra y reapertura, que incluyó un tercero en ese juego perverso, impactó más en los trabajadores de Rosario: la empresa no reabrió y en esa ciudad no tenía bienes.

A fines de 2012, se promulgó la Ley de Expropiación de los bienes de Productora Alimentaria SA, que comercializaba la marca Naranpol. Esa norma afectó a la planta de Santa Fe Capital y el predio productivo y las maquinarias fueron adjudicados a la Cooperativa de Trabajo Naranpol Limitada. Pero en el centro de distribución de Rosario el proceso fue más complejo: sólo tenían su capacidad de venta.

Con los salarios sin cobrar, tuvieron que salir a buscar nuevos proveedores y recuperar los clientes. Eran 30 vendedores en 2012 pero sólo 21 pudieron seguir adelante. El resto buscó otros trabajos. “Los primeros meses fueron muy difíciles. Estuvimos varios meses casi sin cobrar y luego empezamos a ganar algo pero igual no llegamos a tener un salario digno. Lograr eso es parte de nuestro objetivo”, se entusiasma Isaural, que está cerca de cumplir cuarenta años y hasta el nacimiento de Districoop llevaba la mitad de su vida trabajando como vendedor.

Nueva vida. La quiebra y el proceso de recuperación trastocaron la vida de todos los trabajadores de Naranpol. Lo que les ocurrió a ellos se repite en otros lugares, en otros rubros.

“Nos encontramos con cosas que desconocíamos como manejar una empresa. Había que hablar con los proveedores, organizar las entregas, manejar cuentas bancarias. Había que hacer todo eso sabiendo que si te equivocabas había 21 familias que se podían quedar sin nada”, dice Isaural y en su voz se siente esa presión. Todavía recuerda esos días en que estaba “en la calle” viendo clientes, levantando pedidos, ofreciendo nuevos productos. “A veces me siento como gato encerrado”, dice.Lo más complejo fue aprender la parte administrativa porque lo otro -que es vender- lo sabían hacer. Era lo que habían hecho siempre. Pero también se encontraron con otros conflictos en la nueva etapa: discusiones sobre cómo llevar adelante la cooperativa, sobre como ser empleados sin patrón. Esas discusiones y peleas contenidas entre compañeros no fueron simples de resolver. “Hubo mucha discusión y las resolvimos con muchas asambleas. Aprendimos a decirnos las cosas en la cara y con respeto, aprendimos a mirar para adelante”, recuerda.

En ese proceso contaron con la asistencia de otras cooperativas. También los acompañaron desde la gerencia de empleo del Ministerio de Trabajo y del Ministerio de Desarrollo Social: aportaron subsidios para sostener los salarios en el período inicial. “Logramos alquilar un depósito de 700 metros cuadrados y una autoelevadora. Y estamos trabajando con segundas marcas en jugos, aceite, fideos y galletitas. Trabajamos con muchos de los productos que están dentro del programa Precios Cuidados y apuntamos a distribuir también primeras marcas”, dice Isaural. Ese nuevo lugar está ligado al azar y a la solidaridad: una compañera gano un sorteo de la quiniela y donó ese dinero para alquilar el galpón.

Esa etapa les sirvió para aprender cómo trabajar sin patrón. Y entre los proyectos que se abrieron en estos años está el de sumar productos de otras cooperativas y potenciar el trabajo del sector de la economía social. Pero el desarrollo de la cooperativa depende, en parte, de poder capitalizarse para mejorar los salarios y “dejar de comprar fiado y al día”, define Isaural. Un primer paso es comprar mercadería para dejar de correr detrás del día a día y, en una próxima etapa, comprar un depósito.

Fuente: En Foco XXI – tiempo.infonews.com

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