El crecimiento es el resultado, no el instrumento. Tal vez suene a simplificación, pero si se desea combatir la inflación, reducir la pobreza, eliminar conflictos sociales, el «instrumento» que nos acerca a todos esos objetivos es el aumento en productividad. Si se produce más y mejor, con menos recursos, habrá crecimiento. Con crecimiento será más fácil solucionar los graves problemas de precios relativos que tenemos en Argentina.

 

Si se tomara conciencia de la importancia de la productividad, sería más fácil ordenar los grandes temas. Como la mejor manera de aumentar la productividad es permitiendo cambios, debiéramos dejar a las empresas, empleados y especialmente al estado «modernizarse» cada uno a su ritmo.

 

Permitiría también ordenar el dantesco sistema regulatorio, que es una máquina de crear dificultades y roba el tiempo de todos. Por ejemplo la AFIP debiera tener una cuenta única pero no solamente para cobrar más, sino para permitir compensaciones entre impuestos. Si aumentamos la productividad será más lógico cobrar sobre los resultados y no como ahora, que se cobran anticipos y percepciones sobre algo futuro o sobre activos. Lo mismo se da cuando pensamos en el burocrático, tedioso e ineficiente sistema de habilitaciones, permisos y autorizaciones del Estado local, para con un privado que apuesta a invertir en Rafaela. Trabas, impedimentos y demoras innecesarias se traducen en dilatar la puesta en marcha de proyectos que representan puestos de trabajo que quedan en lista de espera.

 

Mucho se ha escuchado sobre las responsabilidades que debe tener el Estado para con los ciudadanos, pero también hemos visto y escuchado, cómo el empresario, desde el más pequeño al más imponente, ese que arriesga su capital, que imprime y materializa su idea; una idea que a futuro se traducirá en puestos de trabajos; se convierte en el enemigo de las sociedades, por el simple hecho de «ganar más». Y ese análisis simplista de mirar el vaso medio vacío, nos conduce a interminables discusiones política-económicas, en las que pocas veces llegaremos a un acuerdo, y he aquí la famosa grieta.

 

Pero solo basta mirar y recorrer nuestra ciudad, y advertir el sello que imprimen nuestros empresarios, y nuestros emprendedores. Que transforman a Rafaela en esa Perla del Oeste, capaz de quedar guardada en la retina de todo aquel que la visita. Pujante, emprendedora y desafiante.

 

Tal es el caso del sur de nuestra ciudad, un polo desarrollado netamente por la inversión privada, que la catapultó a un crecimiento exponencial y que sigue seduciendo a inversiones futuras. Así lo vislumbró la empresa rafaelina BZA Group, con más de 60 años de trayectoria. Una empresa que no se queda quieta, y las adversidades se traducen en oportunidades. Así lo demostraron con la presentación de su desarrollo inmobiliario en dicho sector. Proyecto que representa una inversión de más de $100 millones para levantar oficinas de sus ocho empresas en Rafaela. Que a su vez viene de la mano de un desarrollo inmobiliario que incluye, área comercial, viviendas y espacio comunitario.

 

Esta iniciativa se corresponde con una etapa de expansión de la firma, que incluye la ampliación de la plantilla de personal, hoy en una cifra cercana a las 300 personas. Pero no solo eso, la inversión representa además, una intervención desde lo urbanístico: ensanchar calle Fader para completar su configuración de avenida, crear una rotonda entre Williner y Estanislao del Campo y poder darle mayor transitabilidad al sector ubicado detrás de Av. Remedios de Escalada.

 

Vale recordar que el grupo empresario BZA Group, está formado por las firmas Bazar Avenida SA, Consumo SA, Total Support SA, Tinsa SA, Cobro Express Global SA, Longme SA, GW Seguros y Avenida Ace. La actividad comercial de las mismas se canaliza a través de las marcas Megatone, Confina, Total Support, Cobro Express y Transfery.

 

El Norte también existe.

 

Mientras tanto, si se piensa en un desarrollo parejo y sostenido de la ciudad, se debe empezar a mirar el norte rafaelino como un potencial polo de crecimiento y receptor de las inversiones privadas que permitirían el desarrollo y la expansión. Es de destacar que las principales inversiones hasta el momento han sido estatales. Se puede mencionar el entubamiento del Canal Norte, la pavimentación de Av. Perón, el proyecto de autopista de la Ruta Nacional N°34, y la pavimentación de tres caminos que van hasta el sector industrial, entre otras. Todas ellas buscan sentar las bases de un Norte en desarrollo, pero con las condiciones dadas para recibir a los privados, que son quienes catapultan el arribo de más industrias, más empleo y mayor crecimiento.

 

Punto aparte merece el Parque de Actividades Económicas de Rafaela, sector industrial por excelencia, que hoy se ve casi colapsado y ante la necesidad de contar con mayor cantidad de suelo industrial para el emplazamiento de futuras empresas, de traduce en una alta demanda.

 

En la actualidad son muchas las industrias que llevan sus productos fuera de los límites rafaelinos, y por ello se analiza la idea de crear una Zona de Transferencias de Cargas, para facilitar la salida de todo lo producido en nuestra ciudad, así como también el arribo de los productos externos.

 

Las condiciones y las bases se están generando, y hay quienes vislumbran en este presente, un lugar donde se puede potenciar el crecimiento de la ciudad y buscan un «nuevo norte» para Rafaela. Ese Norte donde los empresarios confían en descargar sus proyectos y materializarlos. Una vez más hay que hablar de BZA Group.

 

Sobre la colectora Av. Int. Zóboli, una mega estructura se levanta y se muestra imponente. Son cerca de trecientos los trabajadores, entre albañiles, electricistas, plomeros, ingenieros, entre otros, que están ocupados en la tarea. Son los que van maleando el hierro y el cemento abriendo paso a una superficie donde se emplazarán las oficinas de la empresa rafaelina.

Firma que buscó dar un salto cualitativo, que confía en la posibilidad de crecimiento sostenido y progreso constante en Rafaela. Proyectando a cada paso, la generación de nuevas fuentes de trabajo, más industrias, y el arribo de mayor urbanización. Y es allí donde el Estado debe seguir acompañando, respaldando las iniciativas privadas, para desburocratizar el desarrollo, y acompañar el progreso.

Fuente: En Foco XXI – Diario Castellanos

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