HISTORIA
FABRICA DE CAMPANAS EN SAN CARLOS
Por Diego Meloni - Claudia Moreno- Las campanas son mucho más que un elemento de percusión que se coloca – generalmente – en la parte superior de un convento. Una campana dice muchas cosas: amor, guerra, triunfo, magia, muerte, vida… En San Carlos Centro, hace más de cien años, la familia Bellini continúa la tradición de construir campanas de manera artesanal. En FOCO XXI recorrió la fábrica de campanas que es la única que sigue en pie con esta actividad en el país
La campana siempre estuvo entre nosotros. Es uno de los elementos - símbolos más fuertes y arraigados que tenemos en nuestra cultura occidental. Las campanas aparecen en los cuentos para niños: Replican de júbilo cuando se produce el tan ansiado casamiento entre el príncipe y la princesa o incluso es el nombre de la mejor amiga de Peter Pan “Campanita” quien hace gala de su dulzura musical y su magia hasta pasar por el campanero más famoso de la historia: Cuasimodo de Notre Dame. La campana acompaña relatos de guerras y triunfos y no puede faltar en las historias de monasterios e incluso hay quienes aun recuerdan la campana del colegio.
En la localidad de San Carlos Centro, ubicada a 46 km de la ciudad capital, se encuentra la fábrica de campanas las que se siguen fabricando en base a técnicas milenarias de construcción.
La empresa funciona bajo la denominación de Luis Bellini y Compañía SRL y fue fundada por Juan Bautista Bellini rondando el año 1890.Juan Baustita Bellini, inmigrante italiano, arribó a estas tierras como reparador de máquinas agropecuarias. Montó un taller y una fundición para reparar máquinas a vapor, trilladoras y algunas piezas de las primeras máquinas que se utilizaron para el trabajo en el campo.
Por aquellos años la Argentina se estaba extendiendo en el marco de un modelo agro-exportador a partir del cual el país se pobló de inmigrantes de todas las naciones europeas. San Carlos estaba naciendo como un pequeño poblado dedicado al agro y, como en toda localidad, no podía faltar el templo. “Cuando mi bisabuelo llegó se estaba construyendo el actual templo y todos colaboraron en la construcción del mismo.
Había gente que realizó los bancos, otros el reloj y demás objetos litúrgicos. El arquitecto de la obra había traído un campanario de origen italiano y él montó una pequeña fábrica para hacer campanas”- relata Luis Bellini, actual titular de la firma. “Sin embargo - continúa- la primera campana que fabricó tuvo un error en el proceso de fundición del metal y fracasó lo cual le significó todo un problema económico al fundidor.
En aquella época el bronce tenía altísimos costos. Mi bisabuelo tenia un horno de cubilote que, si bien no era especifico para fundir bronce, sí le permitía levantar mayor temperatura incluso con carbón de quebracho. Y así fue que este campanero se asoció a mi bisabuelo para hacer la campana del templo y nació esta empresa. La primera campana data del 1895”.
Arte y Metalurgia
El método para hacer campanas es el mismo que se usó en el principio de los tiempos cuando se empezó a fundir el bronce. Este método se lo conoce como “moldeo a la cera perdida” y consiste en hacer la pieza a fundir primero en cera de abejas.
A esa pieza luego se la embarraba para generar el hueco donde poner el metal. Esta pieza de adobe se quemaba, formándose una especie de terracota prendiéndole fuego con lo cual se perdía la cera. Al desaparecer la cera dentro de la pieza de adobe, se formaba un hueco, un vaciado, en donde se volcaba el metal. Hace más de mil años que las campanas se fabrican bajo esta técnica artesanal y así se sigue haciendo en San Carlos Centro.
La campana tiene origen en China y luego fue llegando a Europa. Allí la campana sufrió una serie de transformaciones en su forma y musicalización actual, hubo gente con talentos musicales que se dedicó a buscarle la forma exacta para que produzcan un sonido particular.
El secreto no sólo es cómo hacer un molde de la mejor calidad posible sino cómo tiene que ser la forma para que el sonido resulte lo más armonioso posible. En su momento era tradición que, terminada la construcción de la campana se quemara la plantilla con la cual se le dio forma.
Las plantillas, en esa época se hacían en madera y era el campanero quien con una sierra de calar le daba la forma a la campana. En el momento de hacer el quemado del molde, rompía la plantilla y se quemaban juntas para que esa campana se llevara el secreto. En el 1.700 un campanero de origen belga empezó a incursionar en la musicalización y después de su muerte se tardó unos 200 años para volver a hacer campanas afinadas ya que no había dejado “herederos” del oficio. Pero este oficio de campanero se transmite de padres a hijos, de generación en generación.
Hoy por Hoy
La fábrica en la actualidad tiene una producción de 20 a 50 campanas por año de forma totalmente artesanal. Cada campana se realiza en un lapso aproximado de seis meses. “Tenemos un mercado atípico porque estamos produciendo un bien extremadamente durable que puede tener una vida útil de 20 años a varias centurias y casi no hay reposición”. La familia Bellini apuesta a una revalorización de la campana en los actos del bicentenario de la Nación Argentina y están en proyectos para realizar campanas musicales con las cuales, con formas y sonidos diferentes, se puedan componer melodías.
En FocoXXI - Septiembre 2007
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Por Diego Meloni- La localidad de María Juana (ubicada al sur del Departamento Castellanos) cuenta actualmente con una población de 5.500 habitantes y su principales ingresos económicos se deben la explotación del agro, industrias menores y acopiación de granos. Pero en el interior de esta pequeña comuna se esconde la historia de la primera fábrica argentina y sudamericana de vagones ferroviarios.
El origen de este monstruo industrial hay que buscarlo el 1º de septiembre de 1938, fecha en un pionero santafesino llamado Bautista Buriasco (junto con otros familiares) pone en funcionamiento la empresa metalúrgica conocida como “La Margariteña”. Sin embargo a mediados de 1944 la fábrica se constituyó en un patrimonio de su propiedad, convirtiéndose el 1º de enero de 1951 en Bautista Buriasco é Hijos Ltda. Bajo esta denominación se le dio el nacimiento al Primer Vagón de Carga Argentino en 1952.
Por esos tiempos María Juana no contaba con rutas de acceso pavimentado, no existía un ramal ferroviario que llegara hasta la planta, los medios de comunicación eran escasos, el teléfono no existía, como así tampoco los bancos, por eso la construcción de este empresa de capitales netamente nacionales significó una verdadera revolución en la vida de los lugareños.
Posteriormente, en el año 1955, la misma se reubica ocupando una superficie de 30.000 mts.2 comenzando la construcción de distintos tipos de vagones, entre los que se destacan los de cargas (apedreos, cerealeros, tanques); también trabajaron en vagones de pasajeros, fundamentalmente subterráneos.
En el momento de mayor auge la empresa llego a ocupar 900 obreros, construyendo hacia fines de la década del 60´ un vagón diario, que años mas tarde (1980 aproximadamente) alcanzaría la cifra de cuatro por jornada. Si se tienen en cuenta los datos actuales el total de vagones construidos desde sus orígenes hasta el día de hoy la cifra alcanza las 9.684 unidades, además de contar con más de 5.000 mts de vías particulares que les permite arribar a un ramal central que los comunica con los principales centros de la Argentina y países vecinos (Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay).
A estos impresionantes números debe agregarse la cantidad de 4.000 vagones reparados, lo cuál la convirtió en una colosal industria metalúrgica. Pero este proceso histórico tiene en su memoria quizás uno de los momentos mas gratificantes para quienes formaban esa gran familia de trabajadores (técnicos, obreros, dirigentes) dado que en 1970 fueron protagonistas y testigos de la Primera Exportación de Vagones de Carga realizada en nuestro país, siendo la República de Paraguay el primer destino en contar con este privilegio.
La década del 80´ no presagiaba buenos tiempos para el país. La reciente y frágil democracia no lograba combatir ni cerrar las heridas generadas por la dictadura militar en materia política, social y económica.
Tampoco fueron momentos gratos para la empresa santafesina dado que comienza a achicar su estructura de personal, es decir que que no se contratan nuevos empleados y que muchos comienzan a retirarse a través de jubilaciones. Desde La Rioja alguien hablaba de “Salariazo y Revolución Productiva”, pero una vez sentado en sillón de Rivadavia todo lo trasformó en destrucción de los factores productivos.
La reestructuración en materia ferroviaria deja de ser de interés nacional y todo queda sujeto a las privatizaciones, generadoras de una gran inmovilización porque los contratos para construcción de vagones solo oscilaban entre 25 o 30 unidades. La falta de perspectivas en materia ferroviaria y la no diversificación en otro tipo de actividades llevaron al cierre casi definitivo de la industria.
El 27 de septiembre del mismo año se despiden a más de 300 operarios que constituían el área de recursos humanos quedando “La Buriasco” solamente con su columna vertebral (equipos técnicos y de administración y encargados generales) y una producción inexistente. Pero en octubre de 1990 (ya con el paquete accionario transferido al Grupo SABB S.A) la empresa reinicia actividades.
Actualmente la misma esta trabajando con 140 personas en total y en dos actividades importantes; una orientada a la continuación de la parte ferroviaria (mayoritariamente reparación de rodamientos) y la otra parte de la cargas. Si se busca y se analizan los registros podrá encontrarse que no existió otra planta de fabricación de vagones ferroviarios con estas características. En el orden nacional fue la más integral en su rubro y tenemos el orgullo de afirmar que es Bien Santafesina.
Épocas de Inversión Plena:
En el caso de los primeros trabajadores que llegaron a la planta es muy particular dado que no había alojamientos por eso dormían en vagones ferroviarios hasta que llegó un merecido reconocimiento: un grupo de más de cien viviendas con instalaciones muy modernas, grupo arquitectónico que perdura en el tiempo convertido hoy es el barrio más popular de María Juana.
Pero Bautista Buriasco e hijos Ltda. no sólo procedió al levantamiento de este complejo obrero sino que tiempo mas tarde construyó un hotel con 40 habitaciones duplex destinado al cómodo alojamiento del personal soltero de la planta. El mismo estaba provisto de un comedor que supo albergar a 200 personas. Situaciones que le permitieron a la empresa y la localidad ubicarse dentro del salón de industrias de mayor prestigio en Argentina y el Mundo.
En FocoXXI (Agosto 2007)
Agradecemos la colaboración en esta nota de:Comuna de María JuanaDr. Esteban de Lorenzis - Presidente de la Asociación de Museos de la Provincia de Santa Fe.
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